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27Jul
2014
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Niños inquietos e hiperactivos: con las pilas puestas

No es un descubrimiento que los niños de hoy son mucho más activos y despiertos que los de hace veinte o treinta años. Vivir en una sociedad que a cada momento los bombardea con estímulos y que los llena de exigencias es una de las razones que llevan a esta mayor impulsividad e inquietud, según los especialistas. «Además, hay períodos en que los niños naturalmente son más inquietos que en otros», dice María Tapia Donoso, psicóloga de la Universidad de Chile y terapeuta familiar del Instituto Chileno de Terapia Familiar de Santiago.

Así es como entre los tres y los cuatro años es común apreciar estas conductas. «A esa edad el niño ya domina bastante el mundo y puede seleccionar las cosas de sus interés, entonces probablemente va a ser bastante más inquieto”, precisa. A partir de los cinco años esta actividad suele descender, al menos por un par de años.

En todo caso, existen pautas que permiten distinguir si se trata de una actitud esperable para la edad o si es un cuadro que requiere de ayuda profesional. La hiperactividad es un término médico que alude precisamente a un niño que se muestra extremadamente inquieto, pero que además presenta permanentemente otros rasgos que perjudican su calidad de vida, y por ende, la de su familia. Detectarlo de forma precoz (alrededor de los cuatro años), permite brindar al niño de un tratamiento adecuado y oportuno, que reduzca las consecuencias negativas de la hiperactividad en su vida presente y futura.

Se pueden realizar exámenes médicos que, en ciertos casos, evidencian alteraciones en la estructura cerebral del pequeño. En otros casos, en cambio, no existen estos indicios, pero un diagnóstico especializado debería detectar si el niño presenta o no hiperactividad.

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